Ley de Murphy: qué es, de dónde viene y 20 leyes que se cumplen en tu email marketing
La historia real de la frase más famosa de la mala suerte y lo que enseña a quien envía emails

La historia real de la frase más famosa de la mala suerte y lo que enseña a quien envía emails
¿Alguna vez has pulsado «Enviar» y, un segundo después, has visto la errata en el asunto? No en el pie, que no lee nadie. En el asunto, que leen todos.
Si te ha pasado, ya conoces la ley de Murphy por experiencia propia.
Esa idea de que el universo espera al peor momento para hacer de las suyas: la tostada que cae del lado de la mantequilla, la cola del súper que se para justo cuando te cambias a ella o el enlace roto que, de todos los enlaces del email, tenía que ser el del botón.
En este artículo te contamos qué es la ley de Murphy, la historia real que hay detrás (tiene cohetes, un chimpancé y unos sensores mal conectados) y las leyes más famosas de la familia.
Y después vamos a lo nuestro: 20 leyes de Murphy del email marketing que se cumplen con una puntualidad asombrosa, cada una con su antídoto para que este viernes no te toque a ti.
La ley de Murphy es un dicho popular que afirma que «si algo puede salir mal, saldrá mal». Se usa para explicar, medio en broma, por qué los fallos parecen llegar siempre en el peor momento posible.
Suena pesimista, pero su origen es todo lo contrario. Nació en un laboratorio de ingeniería como una advertencia práctica: si un error es posible, tarde o temprano alguien lo cometerá, así que diséñalo para que no pueda ocurrir. Murphy no era un agorero. Era un ingeniero precavido.
Con los años, la frase se convirtió en una forma de reírse de la mala suerte cotidiana. Y dio lugar a cientos de «corolarios» que siguen el mismo patrón:
| Versión de la ley de Murphy | Lo que quiere decir |
|---|---|
| Si algo puede salir mal, saldrá mal | La versión clásica, la que todos conocemos |
| Nada es tan fácil como parece | Siempre aparece un problema que no estaba en el plan |
| Todo lleva más tiempo del que crees | Tu «cinco minutos» casi nunca son cinco minutos |
| Si hay varias formas de hacer algo y una acaba en desastre, alguien la elegirá | La formulación original, la de los ingenieros |
| Si algo no puede salir mal, saldrá mal igualmente | La versión para optimistas |
| Cuando todo parece ir bien, es que se te ha pasado algo | La favorita de quien revisa campañas |
Como ves, la ley de Murphy no es una ley científica. Es una forma de mirar el mundo que mezcla humor, resignación y, si se usa bien, mucha prevención.
La historia empieza en 1949, en una base aérea del desierto de California que hoy se llama Edwards.
Allí, el equipo del coronel y médico John Paul Stapp trabajaba en el proyecto MX981. Querían saber cuánta deceleración podía aguantar el cuerpo humano en un accidente, y para eso lanzaban un trineo propulsado por cohetes sobre unos raíles y lo frenaban en seco.
Primero probaban con muñecos y chimpancés. Después, con el propio Stapp, que llegó a subirse al trineo él mismo.
Edward A. Murphy Jr., capitán e ingeniero de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, había diseñado unos sensores para medir la fuerza exacta que sufría el pasajero del trineo. En una de las pruebas, los sensores marcaron cero. Nada. Ni un dato.
Al revisarlos descubrieron el problema: algunos estaban conectados al revés. Murphy, molesto, culpó al técnico que los había montado con una frase que, según los testigos, sonaba más o menos así: «Si hay alguna forma de hacerlo mal, él la encontrará».
Las versiones no coinciden del todo.
Según la que recoge la Wikipedia, el consejo original de Murphy era este: si hay dos o más formas de hacer algo y una de ellas acaba en catástrofe, alguien la elegirá.
George E. Nichols, responsable de calidad en el proyecto, contó después que el equipo resumió la idea como «si puede pasar, pasará» y la bautizó, con algo de guasa, como «la ley de Murphy».
Unos meses después, en una rueda de prensa, Stapp dijo que la seguridad del equipo se debía a que respetaban la ley de Murphy: daban por hecho que cualquier fallo posible acabaría ocurriendo, así que lo prevenían antes de cada prueba. Los periodistas se quedaron con la frase y empezó a circular.
En los años cincuenta ya aparecía en boletines de mecánica aeronáutica. Pero la fama mundial le llegó en 1977, con el libro de Arthur Bloch Murphy’s Law and Other Reasons Why Things Go Wrong!, que reunía decenas de corolarios y se convirtió en un éxito de ventas.
El broche llegó en 2003, cuando Stapp, Murphy y Nichols recibieron el premio Ig Nobel de Ingeniería «por haber dado (probablemente) nombre a la ley». Los Ig Nobel premian investigaciones que primero hacen reír y luego hacen pensar. Difícil encontrar un premio que encaje mejor.

Eso sí, la idea es más antigua que el nombre.
En 1866, el matemático Augustus De Morgan ya escribió que todo lo que puede pasar acabará pasando si se intenta las veces suficientes.
Y en 1908, el mago Nevil Maskelyne se quejaba de que todo tiende a salir mal la primera vez que un truco se hace en público. Murphy solo puso nombre a algo que cualquiera que haya trabajado de cara al público ya sabía.
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La ley de Murphy tiene una familia enorme. Algunas leyes son corolarios de la original y otras son «primas» con nombre propio que nacieron en otros campos. Aquí tienes las más conocidas:
| Ley | Qué dice |
|---|---|
| Ley de la tostada | La tostada siempre cae del lado de la mantequilla |
| Ley de la cola | La otra cola siempre avanza más rápido, hasta que te cambias a ella |
| Ley del último sitio | Lo que buscas siempre está en el último lugar en el que miras |
| Ley del paraguas | Si lo llevas, no llueve; si lo dejas en casa, diluvia |
| Ley de Parkinson | El trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible |
| Ley de Hofstadter | Todo lleva más tiempo del previsto, incluso si tienes en cuenta la ley de Hofstadter |
| Ley de Finagle | Si algo puede salir mal, saldrá mal en el peor momento posible |
| Ley de Sod | La versión británica de Murphy, todavía más pesimista |
| Principio de Peter | En una empresa, cada persona asciende hasta alcanzar su nivel de incompetencia |
Algunas leyes de Murphy tienen más ciencia detrás de lo que parece. La de la tostada, por ejemplo.
En 1995, el físico británico Robert Matthews publicó un artículo en la revista European Journal of Physics con un título irresistible: «Tumbling toast, Murphy’s Law and the fundamental constants». Su conclusión era que la tostada no cae del lado malo por mala suerte, sino por pura física.
Una tostada que resbala de una mesa normal gira, pero no le da tiempo a completar una vuelta entera antes de llegar al suelo. Así que, si empieza con la mantequilla hacia arriba, lo más probable es que aterrice con la mantequilla hacia abajo.
¿Y por qué las mesas tienen esa altura? Porque están hechas a la medida de las personas. Matthews relacionó nuestra estatura con las constantes de la física, de modo que, según él, la tostada cae del lado malo porque el universo es como es.
El trabajo le valió el Ig Nobel de Física en 1996. Su consejo práctico: si ves que la tostada se cae, dale un manotazo para que gire más deprisa. O come en una mesa más alta.

A veces hay que saber reírse de los fallos, pero es más fácil si son los fallos de otros. Es cierto que da la impresión de que si algo puede salir mal, saldrá mal, y que la tostada siempre cae del lado que mancha sobre la alfombra más delicada. ¿Karma? ¿Destino? ¿O solo un mal viernes?
Jose Argudo, CMO de Mailrelay
El email es terreno abonado para Murphy. Se escribe deprisa, se envía con un clic y, una vez que sale, no hay vuelta atrás. Estos dos casos lo demuestran.
El 14 de noviembre de 2016, un contratista informático del NHS, el sistema público de salud británico, envió un email de prueba a una lista de distribución. Por un fallo del nuevo sistema de correo, el mensaje llegó a más de 840.000 cuentas de empleados en Inglaterra.
Lo que vino después fue puro Murphy. Cientos de personas pulsaron «responder a todos» para pedir que las quitaran de la lista, y cada respuesta llegaba otra vez a las 840.000 cuentas. Según Digital Health, se generaron unos 500 millones de emails en 75 minutos, y hubo retrasos en el correo durante horas. Una lección de netiqueta que sigue vigente: antes de pulsar «responder a todos», piensa si todos necesitan leerte.
La lección: el problema no fue un email, sino una lista mal configurada. En una campaña pasa lo mismo: elegir bien a quién envías importa tanto como lo que envías.
En junio de 2021, muchos suscriptores de HBO Max recibieron un email con el asunto «Integration Test Email #1». Dentro solo ponía que esa plantilla se usaba para pruebas internas. Era un correo de prueba que nunca debió salir del departamento técnico.
La reacción de la marca fue lo mejor de todo. Publicó un mensaje en redes pidiendo disculpas y explicando, con humor, que había sido el becario, y que le estaban ayudando a superarlo. Miles de personas respondieron contando sus propios desastres laborales para animarle. Un error de envío se convirtió en una de las conversaciones más simpáticas del año.
Como ves, la ley de Murphy no perdona ni a las grandes marcas. Pero un error bien gestionado puede acabar jugando a tu favor, y de eso hablamos más abajo.
Aquí tienes las 20 leyes que más se cumplen cuando preparas una campaña. Las hemos agrupado en cuatro momentos: escribir, diseñar, enviar y medir. Cada una va con su antídoto, porque reírse está bien, pero que no te pase está mejor.
La ley de Murphy empieza a trabajar antes de que abras el editor. Estas cinco atacan al texto.
Ley 1. La errata nunca está en el pie: está en el asunto.
Puedes revisar el cuerpo diez veces, que la errata se esconderá en las cinco palabras que lee todo el mundo.
Antídoto: lee el asunto del email y el preheader en voz alta antes de enviar. El oído pilla lo que el ojo se salta.
Ley 2. El «Hola, [Nombre]» sin rellenar le llega justo a tu mejor cliente.
El contacto al que le falta el nombre en la base de datos es siempre el que más te importa.
Antídoto: da a cada variable dinámica un valor por defecto, como «Hola» a secas, por si el campo está vacío.
Ley 3. Cuanto más tiempo pasas con el asunto, menos se abre.
Dos horas puliendo una frase brillante y gana el asunto sencillo que escribiste en un minuto.
Antídoto: no lo decidas tú. Haz un test A/B con dos asuntos y deja que hablen los datos.
Ley 4. El precio que cambia a última hora solo se cambia en un sitio.
Lo corriges en el texto y se queda el antiguo en el botón, en la imagen o en la landing page.
Antídoto: cuando cambies una cifra, búscala en todo el email y en la página de destino.
Ley 5. El email que escribes enfadado se envía; el que escribes con calma se queda en borradores.
Esta se cumple más en el correo personal que en las campañas, pero se cumple.
Antídoto: activa «Deshacer envío» en Gmail, que te da hasta 30 segundos para arrepentirte. Y para los emails delicados, programa el envío y vuelve a leerlo con un café.
Aquí la ley de Murphy se alía con las pantallas, los programas de correo y el modo oscuro.
Ley 6. El email se ve perfecto en tu pantalla y roto en el móvil de tu jefe.
Tú lo revisas en un monitor de 27 pulgadas y tu jefe lo abre en el móvil, en el metro. Y si además la letra elegida es Comic Sans, Murphy ya tiene el día hecho.
Antídoto: usa un diseño responsive y envíate una prueba para abrirla también en el teléfono.
Ley 7. La imagen más importante es la que el lector no ve.
Hay programas de correo que no cargan las imágenes hasta que el lector lo permite. Y si tu oferta está dentro de la imagen, no existe.
Antídoto: escribe lo importante en texto y añade un texto alternativo a cada imagen.
Ley 8. El botón que nadie encuentra es el que lleva a la oferta.
Pones cinco enlaces, tres botones y una imagen con enlace, y el lector no sabe dónde hacer clic.
Antídoto: un objetivo por email y una llamada a la acción bien visible.
Ley 9. El modo oscuro convierte tu logo en un agujero negro.
El logo negro sobre fondo transparente desaparece en cuanto el lector activa el modo oscuro.
Antídoto: usa una versión del logo con contorno o con su propio fondo, y revisa la prueba también en modo oscuro.
Ley 10. Gmail recorta el email justo antes del botón.
Si el código del mensaje pasa de 102 KB, Gmail lo corta y muestra «Ver mensaje completo». Y lo que queda debajo suele ser, cómo no, la llamada a la acción.
Antídoto: emails ligeros y con las medidas adecuadas, sin código sobrante.

El momento del clic es el favorito de la ley de Murphy. Un segundo de prisa y ya no hay marcha atrás.
Ley 11. El enlace roto siempre es el del botón principal.
Puede haber doce enlaces bien y uno mal. Adivina cuál.
Antídoto: en el email de prueba, haz clic en todos los enlaces, uno por uno. Sí, en todos.
Ley 12. Si tienes dos listas con nombres parecidos, eliges la equivocada.
«Clientes 2025» y «Clientes 2025 bis» son una invitación a Murphy.
Antídoto: pon nombres claros a tus listas de correo y trabaja con segmentos en lugar de duplicar grupos.
Ley 13. El adjunto que mencionas en el texto es justo el que olvidas adjuntar.
«Te adjunto el presupuesto», y el presupuesto se queda en tu escritorio.
Antídoto: en tus campañas, enlaza el archivo a una página en lugar de adjuntarlo. En el correo personal, adjunta el archivo antes de escribir.
Ley 14. El email programado para el lunes por la mañana sale el domingo por la noche.
La culpa suele ser de la zona horaria de la cuenta o de un AM/PM mal elegido.
Antídoto: revisa la zona horaria antes de programar y comprueba la fecha y la hora en el resumen del envío.
Ley 15. Tu mejor newsletter coincide con el día en que nadie lee el correo.
Festivo, puente, final de un partido o el día del apagón.
Antídoto: consulta un calendario de marketing y prueba distintos días con tu propia lista antes de fijar una frecuencia de envío.
Y cuando crees que ya ha pasado lo peor, la ley de Murphy se pasa por tus estadísticas.
Ley 16. Miras las estadísticas justo cuando todavía no han llegado las aperturas.
Envías a las 10:00, miras a las 10:05 y te deprimes.
Antídoto: espera al menos 24 o 48 horas antes de sacar conclusiones de tu tasa de apertura.
Ley 17. El que más se queja de recibir tu newsletter es el que nunca se suscribió.
Alguien escribió mal su dirección, otra persona la usó y ahora recibe correos que no pidió.
Antídoto: el doble opt-in confirma que el email es de quien dice serlo.
Ley 18. El correo que acaba en spam es justo el que no te podías permitir.
La newsletter de siempre llega bien, pero la del lanzamiento acaba en la carpeta de spam.
Antídoto: configura SPF, DKIM y DMARC en tu dominio y cuida tu entregabilidad todo el año, no solo el día importante.
Ley 19. Las bajas se disparan el día que tu jefe mira el informe.
Un mes tranquilo y, de repente, un pico de bajas justo el día de la reunión.
Antídoto: revisa la tasa de bajas cada semana y, si sube, revisa también tu frecuencia y tus segmentos.
Ley 20. El día que todo sale perfecto, no hay nadie mirando.
Asunto brillante, cero erratas, aperturas récord… y tu equipo está de vacaciones.
Antídoto: apúntalo. Guarda lo que funcionó para repetirlo, y celebra los aciertos tanto como lamentas los fallos.
Deja a Murphy sin trabajo
Envíos de prueba, tests A/B y segmentos, también en la cuenta gratuita.
La ley de Murphy no se puede derogar, pero sí se le puede dejar sin trabajo. La propia historia de la ley lo dice: el equipo de Stapp no tenía accidentes porque daba por hecho que todo podía fallar y lo comprobaba antes de cada prueba. Aplica lo mismo a tus campañas con esta lista de 8 pasos:

Esta lista no te llevará más de diez minutos. Y te ahorrará la mayoría de los disgustos de esta sección: La ley de Murphy casi siempre se cumple por culpa de las prisas.
Respira. Le ha pasado a HBO Max, al NHS y a todos los que hemos enviado alguna vez una newsletter. Lo que marca la diferencia no es el error, sino cómo reaccionas. Aquí tienes una guía rápida según la gravedad:
| Error | Gravedad | Qué hacer |
|---|---|---|
| Errata en el texto o en el asunto | Baja | Nada. Corregirla con otro email llama más la atención que la errata |
| Imagen que no carga o diseño descolocado | Baja | Corrígelo para el próximo envío y comprueba la plantilla |
| Variable sin rellenar («Hola, [Nombre]») | Media | Si afecta a pocos contactos, nada; si afecta a toda la lista, una disculpa breve y con humor |
| Enlace roto en el botón principal | Media-alta | Si puedes, redirige esa URL a la página correcta; si no, envía una corrección solo a quien no hizo clic |
| Precio, fecha o código de descuento equivocados | Alta | Fe de erratas clara y rápida, y respeta lo prometido si puedes |
| Email enviado a la lista equivocada | Alta | Disculpa a esa lista y explica qué ha pasado, sin esconderlo |
En los errores graves, un email breve que reconozca el fallo, explique lo que ha pasado y cuente cómo se ha solucionado suele funcionar mejor que hacer como si nada. Tienes ideas y plantillas en nuestra guía para pedir disculpas por escrito.
Y si el error tiene gracia, úsala.
Un asunto como «Vale, la hemos liado» o «Murphy ha pasado por aquí» puede despertar más curiosidad que la newsletter original.
Si te gusta jugar con el lenguaje, tienes ideas en nuestros juegos de palabras. Si te apetece explorar esa vía, en nuestro artículo de emails graciosos tienes ejemplos para inspirarte. Eso sí, con un límite: si el error ha perjudicado al cliente, primero la solución y después la broma.
En Mailrelay no podemos prometerte que la tostada caiga del lado bueno. Pero sí podemos ayudarte a que tus campañas salgan como las has pensado. Estas son las herramientas que dejan a Murphy sin trabajo:
Todo esto está en la cuenta gratuita, con hasta 80.000 emails al mes y 20.000 contactos, y con soporte humano en todos los planes. Si Murphy te visita, alguien de nuestro equipo te ayudará a echarlo. Puedes ver todos los planes en nuestra página de precios.
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La ley de Murphy nació para que un equipo de ingenieros no tuviera accidentes, no para lamentarse de la mala suerte. Esa es la mejor forma de usarla también en el email marketing: dar por hecho que algo puede fallar y comprobarlo antes de que falle.
Así que la próxima vez que vayas a pulsar «Enviar», piensa en el capitán Murphy y en sus sensores conectados al revés. Envíate una prueba, haz clic en los enlaces y lee el asunto en voz alta. Y si aun así se cumple la ley de Murphy y se cuela una errata, ríete un poco. Aunque sea un viernes.
Estas son las dudas que más se repiten cuando alguien busca la ley de Murphy en Google.
La ley de Murphy dice que «si algo puede salir mal, saldrá mal». Su formulación original, la de los ingenieros de 1949, era más precisa: si hay varias formas de hacer algo y una de ellas acaba en desastre, alguien la elegirá.
Se atribuye a Edward A. Murphy Jr., ingeniero de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, que pronunció la frase original en 1949 durante unas pruebas en la base de Edwards (California). John Paul Stapp la hizo pública en una rueda de prensa y el libro de Arthur Bloch (1977) la convirtió en un fenómeno mundial.
No es una ley científica. Es un dicho humorístico que se basa en un sesgo de nuestra memoria: recordamos mucho mejor las veces que algo sale mal que las que sale bien. Aun así, algunos casos, como el de la tostada que cae del lado de la mantequilla, sí tienen una explicación física.
En la película Interstellar (2014), la hija del protagonista se llama Murph por la ley de Murphy. Su padre le explica que la ley no significa que vaya a pasar algo malo, sino que todo lo que puede pasar acabará pasando. Es una lectura más optimista de la misma idea.
Es una serie de animación de Disney estrenada en 2016, creada por los autores de Phineas y Ferb. Su protagonista, Milo Murphy, vive bajo la ley de Murphy: todo a su alrededor sale mal, así que siempre va preparado con una mochila llena de cosas para salir del paso. Como ves, hasta los dibujos animados recomiendan prevenir.
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Jose Argudo
CMO de Mailrelay. Escribe sobre email marketing, copywriting y conversión para pymes y emprendedores.